La Técnica Sacro Occipital permite trabajar con una serie molestias y síntomas asociados a la relación del cráneo con respecto al sacro. Existe una serie de exámenes neurológicos y ortopédicos que permiten clasificar a la persona en categoría I, II o III. En cada categoría existe una serie de molestias y síntomas que aparecen frecuentemente.En la  categoría II sucede que la articulación entre sacro y pelvis se convierte en inestable, es decir que la pelvis se desvía provocando que una pierna sea más larga que la otra, pudiendo causar numerosos problemas (dolores de cabeza, bruxismo, dolor de pecho, hombros, brazo, problemas digestivos…)

Hoy vamos a profundizar en una de las dolencias más común: el dolor de rodillas, específicamente del menisco. Cuando la articulación entre el sacro ilíaco se lesiona, hace que la pelvis se descompense y gire, cambiando el centro de gravedad de la persona e inclinando la pelvis. Como un cimiento de una casa que no está a nivel que provoca que toda la casa este desnivelada.

Puede causar dolor de ingle en el lado de la lesión del sacro ilíaco por la tracción del ligamento inguinal, que además contractura los músculos Sartorios y Gracilis (ambos músculos se conectan a la rodilla interna poniendo presión sobre el menisco interno). Si este problema sacro ilíaco no se corrige con el paso del tiempo causa tanta tensión sobre ese menisco que no solo se degenera sino que también rompe sus anillos internos. Para compensar esa inestabilidad de la pelvis, la banda iliotibial de la otra pierna se contractura produciendo dolor por la parte lateral y rodilla externa.  Con el tiempo produce cambios degenerativos del menisco externo.

Demasiada presión sobre la parte externa e interna de la rodilla, no solo afecta a estos músculos de las piernas sino que también afecta al cartílago de la articulación sacro ilíaca, que soporta el peso del cuerpo (los pilares del cuerpo). Si esta articulación se degenera demasiado, afecta a la cadera y a los tobillos. Por eso mucha gente puede tener problemas de rodillas, cadera, tobillos o arco de los pies sin haber tenido ningún trauma significativo en su vida.

Si conoces a alguien que sufre de uno de estos síntomas que hemos mencionado, nuestra sugerencia es que vea a un quiropráctico para averiguar si se debe a un problema con la articulación sacro ilíaca.

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